martes, 21 de febrero de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (PROLOGO 1ª parte)


Transcripción del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914',  que será considerado en varias partes. El libro agotó su segunda edición en tres semanas desde que fue presentado.



'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'

(PROLOGO, primera parte)

 

    Va a resultar sumamente difícil que el testigo de Jehová, a quien se le admira, aprecia y respeta, se detenga a leer esta serie de artículos que fueron publicados en miles de periódicos de habla hispana, tanto en América como en Europa. De aceptar su lectura, el Testigo quedaría herido en su amor propio y eso es algo que no puede soportar porque piensa que solamente él tiene la Verdad. Le da pánico enfrentarse a la realidad que a propósito se le esconde. Piensa que su Cuerpo Gobernante ya lo ha investigado todo y que por tanto no hay necesidad de leer nada que no provenga de ese Cuerpo central de supremos pastores, y más cuando el mismo asegura que tales lecturas ajenas a la Organización de los Testigos son antibíblicas.

    Desafortunadamente el Testigo de a pie desconoce la verdadera historia de su Organización, salvo aquella parte que se considera positiva y conviene a los dirigentes. Aquí se cumple el sabio dicho que reza: ‘Quien no conoce su historia, está condenado a repetirla’. Pero el Testigo, no precisamente por su culpa, carece de sentido crítico y hasta cree que es pecado utilizar el libre intelecto para analizar y sopesar los argumentos de la parte contraria. Siempre se encuentra supeditado a lo que diga el Cuerpo Gobernante, a quien debe obedecer a ciegas pensando que el mismo Jesucristo le escogió como su vocero oficial.

    Estos artículos no son más que un resumen, a modo de aperitivo inicial, de obras tan completas, convincentes y únicas en su género como, entre otras: ‘Los tiempos de los gentiles reconsiderados’, de Carl Olof Jonsson; ‘Crisis de conciencia’ y ‘A la búsqueda de la libertad cristiana’, de Raymond Franz (ex miembro del Cuerpo Gobernante); y ‘Cautivos de un concepto’, de Don Cameron.

    La primera de las obras mencionadas está considerada por los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos como una de las mejores que sobre la Historia del imperio neobabilonio, entre los reyes Nabopolasar y Nabonido, se hayan escrito jamás. En ella se demuestra con multitud de pruebas que Nabucodonosor subió al trono de Babilonia en el año 605 antes de la era cristiana (a.e.c.) y no en el 625 de esa misma era, como afirman los testigos de Jehová, que son los únicos en el mundo que lo dicen porque así lo hace creer su Cuerpo Gobernante bajo pena de excomunión de quien no lo acepte.

    La fecha del 605 a.e.c. echa por tierra la doctrina de que Jesucristo inició su reinado en el cielo en 1914, y como esta última fecha es uno de los pilares de sus doctrinas, los dirigentes de la Organización de los Testigos se obligan a mantener la fecha del 625 a.e.c., aun sabiendo que no están en lo cierto y que llevan la contraria a los historiadores, que son los que en definitiva dan las fechas, como, entre otras muchas, la del 539 a.e.c. para la caída de Babilonia, fecha que sí aceptan los testigos de Jehová, aunque no la del 605 a.e.c. que lleva inexorablemente a la del 539 a.e.c., ya que desde el inicio del reinado de Nabucodonosor hasta la caída de Babilonia en tiempos de Nabonido, transcurrieron exactamente 66 años y no 86, como la jerarquía jehovista se obliga a defender para que le cuadren los supuestos 70 años de destierro de los judaítas tras la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, 70 años que constituyen uno de los grandes errores que el adventista Barbour le pasó a Russell y éste a sus Estudiantes de la Biblia y a los testigos de Jehová.

    El fundador de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, Charles Taze Russell, predicaba que 1914 era la fecha del Armagedón y de la segunda venida de Cristo, hecho que a los testigos de Jehová les oculta su Organización y en su lugar pregona que en tal año lo que ocurrió fue el principio del tiempo del fin y la entronización de Cristo en su reino, aunque tal entronización se predicaba que había acontecido en 1874, mientras que 1914 era la fecha del arrasamiento de los reinos del mundo en la batalla de Armagedón, tal como está escrito en la literatura jehovista de aquel tiempo.

    El Armagedón no llegó ni Cristo vino por segunda vez en 1914, como anunciaban aquellos Estudiantes. De ahí que la fecha de 1914 quedara descolgada ya en aquel tiempo y además haya quedado descolgada hoy para muchos Testigos que ni se atreven a preguntar a la superioridad qué fue exactamente lo que ocurrió en esa fecha y por qué el fin no vino dentro del tiempo de la generación que vio los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, habiéndose ahora cambiado el concepto de generación a dos grupos de ungidos, el primero de los cuales traslapa al segundo, lo que en su fuero interno muchos testigos de Jehová no aceptan por carecer de lógica tal argumentación que ha sido impuesta a la fuerza y que mañana puede cambiar.

    Esos Testigos callan y continúan en las filas, más que nada por la cuestión social y familiar. La sola puesta en duda de esta nueva creencia sobre la generación es motivo más que suficiente para que la persona implicada sea expulsada de la congregación, con el consiguiente ostracismo de amigos y familiares, ello a pesar de que el Cuerpo Gobernante admite que puede equivocarse en materia doctrinal.

    Al menos ocho millones de testigos de Jehová mantienen en buena parte el imperio económico de la Watch Tower y, si el Cuerpo Gobernante admite que Nabucodonosor ascendió en el 605 a.C., corre el riesgo de quedarse sin feligreses, debido a que se les descuelga la fecha de 1914. Ya ocurrió en tiempos de Rutherford, en que más del 70% de los Estudiantes de la Biblia abandonó el movimiento religioso cuando el presidente de la Watch Tower anunció en 1927, con casi una década de retraso, que Jesucristo había inspeccionado a todos los Estudiantes de la Biblia (ya que todos se consideraban ungidos y parte del Esclavo Fiel y Discreto) en 1918 y que en 1919 los había nombrado sobre sus bienes terrestres. Esto ha sido trasladado al futuro y la fecha de 1918 suprimida por no ser bíblica, aunque la fecha de 1919 es consecuencia directa de la de 1919, año éste que el Cuerpo Gobernante estima hoy como del nombramiento de la jerarquía de la Watch Tower como el Esclavo Fiel y Discreto, suprimiéndose el entendimiento de que tal Esclavo venía operando desde el Pentecostés del año 33 de nuestra era.
(Continúa en la 2ª parte)
 
 

sábado, 11 de febrero de 2017

¿Se sentó Jesucristo en su glorioso trono en 1914?


¿Se sentó Jesucristo en su glorioso trono en 1914?

(Conversación entre dos tejotas)

 

    -¿En qué año se sentó Jesucristo en su glorioso trono?

    -Supongo que en 1914.   

    -Eso es lo que dice el libro ‘El Reino de mil años’ (cap. 14, párrafo 7), donde se lee: ‘Fue entonces, al fin de los Tiempos de los Gentiles en 1914, que el Señor Jesús como el Hijo del hombre vino acompañado de todos los ángeles y se sentó “sobre su glorioso trono.” De ese modo nació en los cielos el reino mesiánico de Dios. (Revelación 12:5, 10) Fue una restauración del reino de David, que anteriormente había regido en Jerusalén, pero que había sido derribado por Nabucodonosor el rey de Babilonia en 607 a. de la E.C.’

    -Claro, Jesucristo se sentó en su glorioso trono en 1914.

    -Pues el evangelio dice que no.

    -¿Cómo que no?

    -Léelo tú mismo, en Mateo 25:31.   

    -Mateo 25:31 dice: ‘Cuando el hijo del hombre llegue en su gloria y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono y todas las naciones serán reunidas delante de él y separará a la gente unos de otros así como el pastor separa las ovejas y las cabras’.

    -¿Has notado? El texto dice que Jesucristo se sentará en su glorioso trono cuando llegue en su gloria. Y aún no ha llegado en su gloria. El esclavo dice que eso será en el futuro, durante la gran tribulación. Y La Atalaya dice que el juicio de las ovejas y las cabras será después de que estalle la gran tribulación. Lo dice La Atalaya del 15 de Marzo de 2015. Toma, léelo tú mismo.


    -Aquí dice: ‘Por muchos años, los testigos de Jehová creímos que las personas eran juzgadas durante el tiempo del fin, y que su respuesta a la predicación determinaba si se les declaraba ovejas o cabras. Pero a mediados de la década de 1990 entendimos mejor la parábola. En La Atalaya del 15 de octubre de 1995 se publicaron dos artículos en los que se compararon las palabras de Jesús que aparecen en Mateo 24:29-31 (léalo) y en Mateo 25:31, 32 (léalo). ¿A qué conclusión se llegó? El primero de esos dos artículos dijo que el juicio de las ovejas y las cabras tendría lugar en el futuro. ¿Cuándo exactamente? Ese mismo artículo añadió: “Será después de que estalle ‘la tribulación’ mencionada en Mateo 24:29, 30 y el Hijo del hombre ‘llegue en su gloria’. […] Entonces, al final de todo el sistema inicuo, Jesús juzgará, dictará sentencia y la ejecutará”. La Atalaya 15/3/2015’.


    -Oye, pues no había caído en esto…

    -Como ves, hasta que no llegue en su gloria, en el futuro, Jesucristo no podrá sentarse en su glorioso trono. Quiere decir que en 1914 no se sentó en ese trono y por tanto aún no es rey. Entonces nos sobra la fecha de 1914…

    -¡Qué fallo tan garrafal!, ¿no? ¿Y el esclavo no se ha dado cuenta de esto?

    -Seguro que se ha dado cuenta; pero tira adelante haciendo ver que tiene la verdad cuando en realidad no la tiene.


lunes, 23 de enero de 2017

YA NO ME PUBLICAN LOS ARTICULOS EN ESPAÑA


    La agencia periodística para la que escribo (y escribimos los de la redacción) me entrega 307 cartas que les han enviado los periódicos españoles en los que se publicaban mis artículos de tema religioso. Las cartas son de lectores que protestan por los artículos. 51 de esas cartas han sido escritas por párrocos y pastores protestantes. Y 256 son las escritas por testigos de Jehová que dicen que los artículos les causan mucho daño y van contra la libertad de religión.

    La mayoría de los testigos de Jehová que escriben dicen que pueden demostrar con datos históricos que todo lo que se dice en los artículos es mentira. La cuestión es que los periódicos españoles, a sabiendas de que lo publicado es la escueta verdad, han decidido no publicarme más artículos porque tienen miedo a la opinión pública y no quieren tener problemas. Algunos de esos periódicos habían aumentado sus tiradas precisamente por la serie de artículos, ya que ha quedado claro que, en cuanto no se han publicado más los artículos, las ventas de los periódicos han descendido.

    En España, pues, no aparecerán más los artículos, por lo que se supone que los testigos de Jehová españoles pueden respirar tranquilamente. Sin embargo, los artículos continúan publicándose en periódicos de varios países de habla hispana con los que trabaja la agencia para la que escribo.

    Algunos de estos artículos los publico en esta página, los que el tiempo me permite, ya que son varios artículos diarios de diversa índole.



lunes, 9 de enero de 2017

Viene con las nubes y todo ojo lo verá


    Adivinanza: ‘Antes de que el hombre y la tierra fuesen, él es. Nace el 25 de diciembre. Es la luz del mundo. Da y sostiene la vida. Convierte el agua en vino. Tiene doce discípulos. Proporciona salud. Alimenta a multitudes. Camina sobre las aguas. Lleva una corona de espinas. Muere y resucita. Asciende al cielo. Viene con las nubes y todo ojo lo verá’.

    Cuando se les presenta la anterior adivinanza a los miembros de la cristiandad, no importa la denominación eclesiástica a la que pertenezcan, absolutamente todos responden que, por supuesto, se trata de Jesucristo. Ello es debido a que los evangelios y el Apocalipsis así lo hacen creer. Sin embargo la adivinanza no se refiere a Jesucristo. ¿A quién, pues?

    La pista se da con la afirmación “viene con las nubes y todo ojo lo verá”. En efecto, todos los días viene con las nubes y todo ojo lo ve y lo verá. Se trata del Sol. Su existencia es muy anterior a la Tierra y al hombre. Indiscutiblemente el Sol es la luz del mundo, da y sostiene la vida y, gracias a su acción bienhechora, la tierra produce alimentos para todos los habitantes del planeta. Y por supuesto, la fuente primordial de salud del ser humano es el Sol. Sin el Sol, la Tierra estaría a oscuras y sin su calor y fuente de energía nadie podría vivir.

    Cuando el Sol se refleja sobre las aguas en movimiento parece desplazarse sobre ellas. De ahí que se diga que el Sol camina sobre las aguas. El Sol convierte el agua en vino en el sentido de que hace madurar las uvas cuyo jugo después fermentará y se convertirá en vino. El Sol tiene doce discípulos, que son las doce constelaciones del Zodiaco que recorre a lo largo del año. Al Sol se le representa popular y gráficamente por medio de un halo con pequeños rayos semejantes a espinas, a modo de corona. El Sol asciende al cielo desde la hora del amanecer hasta el mediodía, en que está en el cénit o punto más alto.

    Las respuestas a esta explicación siempre son las mismas por parte de los creyentes: todos coinciden en afirmar que es forzada y que se le encajan al Sol atributos que son propios de Jesucristo. No obstante, lo contrario es la realidad: A Jesucristo, lo mismo que antes de él a otros héroes mitificados, se le atribuyeron las características que en la antigüedad se le imputaban al Sol y posteriormente a dioses o humanos endiosados que hipotéticamente precedieron a Jesucristo. Todos estos son dioses o héroes solares.

    No hemos de olvidar que las religiones fueron solares en la remota antigüedad, cuando se originaron. Las gentes veneraban al Sol cual si fuera el dios dador de vida. El mismo emperador Constantino fue partidario de la adoración al Sol. De hecho fue miembro de la religión cuya devoción se tributaba al Sol Invicto. Se dice que Constantino decretó la libertad de los cristianos y él mismo se hizo cristiano. Lo que en realidad hizo fue algo más descabellado: hizo traspasar la antigua veneración del Sol al personaje recién creado de Jesucristo.

   Fue en su tiempo cuando en realidad se dio origen al cristianismo. Constantino jamás se convirtió al cristianismo, sabiendo que era una ficción por él creada. A pesar de lo que hacen creer los eclesiásticos, el emperador romano continuó toda su vida como incondicional devoto del dios Sol. En su lecho de muerte fue atendido por Eusebio de Nicomedia, que no era cristiano, sino un clérigo del mitraismo, del que el cristianismo romano tomó todos los símbolos. Eusebio de Cesarea era también un clérigo del mitraismo que aceptó el cristianismo y escribió la Historia Eclesiástica, mediante la cual pretendía demostrar, de acuerdo con el emperador Constantino, que los papas y los obispos eran los herederos de los apóstoles y que por tanto la Iglesia Católica que entonces se fundaba, y con ella en realidad el cristianismo, era la verdadera.  

    Cuando en los libros del Nuevo Testamento se habla de una segunda venida de Jesucristo en gloria, el trasfondo real de ello es la “venida” del Sol al amanecer. Todos los días el Sol viene con las nubes y todo ojo lo ve. Todos los días se oculta. Todos los días muere y resucita el Sol. De ahí que los relatos de los antiguos dioses, que tomaron los atributos solares, expongan que los tales mueren y resucitan. Más exactamente, mueren y resucitan al tercer día, como el Sol al llegar el 22 de Diciembre. Por tres días el Sol da la sensación de inactividad, que recobra al tercer día, el 25 de Diciembre. Por esa razón, de muchos de aquellos dioses a los que se les aplicaron características de la religión solar se enseña que nacen el 25 de Diciembre. Jesucristo no se libra de dicha asignación tradicional, al declarar la Iglesia Católica a sus fieles que nació el 25 de Diciembre.

    Para los adeptos de las viejas religiones solares el sol moría al momento del ocaso y resucitaba, nacía o renacía con gloria a la mañana siguiente. Con el tiempo este concepto se trasladó a los dioses de turno de las nuevas religiones, que copiaron todo su ritual de las teologías solares y atribuyeron esta peculiaridad de muerte y resurrección o nacimiento a los dioses que ahora veneraban. La diferencia es que a estos nuevos dioses no se les aplicaba un morir y renacer diario, sino anual, al menos en la celebración de los ritos a ellos dedicados.

    El cristianismo no se libró de esto y por ese motivo Jesucristo se parece tanto a otros personajes deificados que le precedieron, como Horus, Osiris, Mitra, Dionisos, Attis, Zoroastro y Krisna, por mencionar algunos. Todos ellos no eran más que una representación encubierta del dios Sol. A todos, incluído Jesucristo, se les consideró como si fueran el mismo Sol. De ahí la general representación de casi todos ellos con un halo luminoso en sus cabezas, ya que eran representaciones solares. El dios mediador egipcio Horus tenía todos los atributos del Sol, atributos que posteriormente heredaría Jesucristo, otro dios mediador, al que los evangelios le aplican todas las funciones que tiene el propio Sol: nace, es la luz del mundo, da y sostiene la vida, convierte el agua en vino, tiene doce discípulos, proporciona salud a las gentes, alimenta a multitudes, camina sobre las aguas, lleva una corona de espinas, muere, resucita, asciende al cielo y viene con las nubes y todo ojo lo verá.

    Sí, los evangelios nos presentan a un Jesucristo de carácter mágico que nace de una virgen, obra insólitos milagros, resucita de la muerte y asciende físicamente a los cielos, si bien algunos credos cristianos, como los testigos de Jehová, enseñan que Cristo no resucitó y ascendió a los cielos físicamente, sino en espíritu. Al mismo Jesucristo se le atribuye decir que es hijo natural del mismo Dios y que tuvo una existencia prehumana en el cielo. Pero justamente esto es lo que más o menos se aseguraba de los viejos seres endiosados en las distintas religiones. En origen, todo ello se remite a la antigua veneración del Sol, que viene con las nubes y todo ojo lo ve. 
 
 
 

sábado, 24 de diciembre de 2016

La Verdad libera y no esclaviza


 
    Los testigos de Jehová ven a sus pastores (ancianos, superintendentes y Cuerpo Gobernante) como superiores en conocimiento bíblico y dan por hecho que los tales profesan la verdad de la Biblia y, por tanto, lo han investigado todo al respecto. Esta elocuente seriedad con que se presentan los pastores de los testigos de Jehová y el hecho de que manejen la Biblia constantemente, hace que los Testigos de a pie crean que ‘están en la verdad’ o en la única religión verdadera y, por tanto, no aceptan o no debieran aceptar argumentos de otros credos.

    Esto mismo es lo que sucede en el resto de las iglesias de la cristiandad. Todas tienen sus pastores y todas manejan de algún modo la Biblia, aunque los protestantes la utilizan más que los católicos. Estos pastores les dicen a sus feligreses que las demás religiones son falsas y que la verdad solamente está en la iglesia o congregación de ellos. Los feligreses aceptan a sus pastores y creen que éstos lo han investigado todo para afirmar que tienen la verdad de la Biblia. Es evidente que las personas afiliadas a cualquier iglesia son sinceras; pero, como bien se dice, la sinceridad no hace que una religión sea verdadera.

     Cuando a cualquier devoto de estas iglesias o congregaciones, sea testigo de Jehová o de otra confesión, se le muestran con educación y buen razonamiento ciertas incongruencias que prueban que tales congregaciones no pueden estar en la verdad de la Biblia, el devoto en cuestión se sentirá herido en su corazón y defenderá su fe con uñas y dientes si es preciso. Está programado para ello por sus pastores, que le indican que no escuche a quienes le dicen otra cosa que no sea la que pregonan los propios pastores, haciéndole creer al adepto que tales individuos que así hablan son en realidad lobos enfundados en piel de oveja.

    La única manera de saber si una iglesia o congregación está realmente en la verdad de la Biblia es mediante investigar su historia y sus doctrinas y ver si esa historia y doctrinas se ajustan a las páginas bíblicas. Puede que al adepto se le haya captado mediante explicarle ciertos textos que le dejan cegado al principio, sobre todo si desconocía la Biblia, y así mal puede ver la realidad que se esconde tras ese aprendizaje tan somero, pues lo cierto es que no se profundiza en el mismo. Las dudas comienzan a surgir cuando el adepto ya se ha bautizado o ha hecho pública su adhesión a la nueva fe. Sin embargo, esas dudas iniciales suelen disiparse paulatinamente a medida que asiste a las reuniones o ritos de su iglesia y al ver que los pastores continúan en la brecha como si estuvieran seguros de que tienen la verdad. Con el tiempo le volverán a surgir nuevas dudas a las que ni se atreverá a enfrentarse.

    Para conocer la verdad de un asunto, lo inteligente y razonable es cotejar las dos partes: la de quienes defienden el asunto y la de quienes muestran que el asunto no es correcto. Oídas las dos partes, como lo haría un juez, puede finalmente emitirse un veredicto final, tras sopesar las pruebas pertinentes. Si los testigos de Jehová, por ejemplo, afirman que tienen la verdad y los que no son Testigos argumentan que los Testigos no la tienen, sería prudente escuchar los argumentos de las dos partes y obrar en consecuencia a la vista de las demostraciones que se esgrimen. Sin embargo, al testigo de Jehová se le ha aleccionado a que en modo alguno escuche a la parte contraria y se le recalca que es rebeldía el pensar con independencia del Esclavo Fiel y Discreto o Cuerpo Gobernante que dirige a los Testigos. En las filas de los testigos de Jehová no hay lugar para el pensamiento crítico.

    El testigo de Jehová cree que su organización ha realizado una profunda investigación en materia religiosa y que por tanto no se equivoca en este aspecto. Pero la organización ha publicado que puede equivocarse en materia doctrinal y de ahí que cambie periódicamente las doctrinas, lo que indica que las doctrinas anteriores no estaban ajustadas a la Biblia. Y las nuevas doctrinas pueden cambiarse mañana, por lo que tampoco estarían ajustadas a la Biblia.

    Cuando a un testigo de Jehová, como se ha tenido ocasión de comprobar en innumerables ocasiones, se le muestran los graves errores doctrinales y antibíblicos que enseña su Cuerpo Gobernante, la reacción natural del Testigo es montar en cólera, gritar para no dejar que el interlocutor continúe hablando y lanzar insultos e improperios, todo ello en lugar de sentarse a dialogar y razonar con la persona que trata de exponerle sus argumentos. Sin embargo el testigo sí espera que aquellos a quienes aborda en la predicación le escuchen.

    Jesucristo dijo que ‘la verdad os libertará’; pero el testigo de Jehová está esclavizado o totalmente sujeto a la organización de su Cuerpo Gobernante. Si está esclavizado de tal manera que toda su vida dependa de la Organización, significa que no es libre y, por tanto, si no es libre, no conoce la verdad. Si conociera la verdad, no tendría que estar esclavizado o encadenado a una organización que constantemente dicta su modo de vivir y le exige tiempo, esfuerzo y medios económicos.    

    Tanto depende el testigo de Jehová de su Organización que con sus contribuciones monetarias mantiene al gran imperio económico de la Watch Tower, el cual a su vez se sostiene con la literatura que imprime para los Testigos, además de con los beneficios de la venta de sus inmuebles religiosos y las inversiones en hedge funds, unos fondos de inversión que solamente están al alcance de los millonarios. Si los testigos de Jehová dejaran de pronto de aportar fondos que finalmente van a parar al imperio económico de la Watch Tower, éste se hundiría irremediablemente y dejaría de imprimir los millones de piezas de literatura que consumen los propios Testigos. Y sin literatura, los testigos de Jehová se verían prácticamente imposibilitados para captar más adeptos. Imprimirla en editoriales cuyo costo incluye la mano de obra, no sería asequible para una Organización que está acostumbrada a no pagar nóminas. 

   ¿Podría realmente subsistir la Organización de los testigos de Jehová sin el apoyo fundamental de la Sociedad Watch Tower? Probablemente no, ya que, si desaparece esa entidad, desaparecería también el medio publicitario principal mediante el que se diseminan las doctrinas jehovistas. Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no dependían de un imperio económico para subsistir, pero el cristianismo se expandió. Hoy día otras organizaciones cristianas no están apoyadas por una gran Sociedad editorial y sin embargo prosperan. Pero la organización de los Testigos recibe su aliento del imperio de la Sociedad Watch Tower y separarse de él supone la muerte.

 

 

lunes, 19 de diciembre de 2016

No se cumplen las profecías bíblicas


  

    Adventistas y testigos de Jehová, entre otros cultos, profetizan que Jesucristo está a punto de venir a establecer un reino milenario en la Tierra, no sin antes librar la batalla de Armagedón. Este anuncio de carácter profético vienen realizándolo desde el siglo XIX adventistas, Estudiantes de la Biblia y testigos de Jehová principalmente, aunque no vieron llegar el fin del sistema mundial tan anunciado y lo pospusieron para el futuro. A pesar de no haber acertado en su predicción, los Testigos sobre todo no se consideran falsos profetas y se disculpan afirmando que no se cumplieron sus expectativas porque la luz del entendimiento no estaba suficientemente brillante, pero que en modo alguno profetizaron en nombre de Dios, sino que solamente informaron de lo que entendían.
    Los Estudiantes de la Biblia, cuyo 27% que no abandonó las filas dio origen a los testigos de Jehová en 1931, anunciaban el fin para el año 1914 en tiempos de Russell y para 1925 en tiempos de Rutherford. Este segundo presidente de la Watch Tower dejó caer además que a finales de 1941 se estaba a pocos meses del Armagedón, tal como se lee en la literatura de entonces. Knorr y Franz anunciaron específicamente el establecimiento del reino milenario para Septiembre de 1975 (aunque los Testigos actuales lo niegan porque no están informados de lo que realmente pasó y se les ha ocultado la verdad). Existen grabaciones de discursos de Franz y de otros oradores al respecto. El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová notificaba textualmente a través de las Atalayas que el fin vendría antes de que terminase el siglo XX, por lo que la obra de predicación finalizaría. Esto también lo niegan hoy los Testigos, que no están informados de la realidad, aparte de que las Atalayas han sido modificadas en sus tomos encuadernados y en sus CD rom.
    Pasó el siglo XX y el Armagedón no vino, pero se sigue profetizando que vendrá pronto y ello a pesar de que Jesucristo recalcó, según se lee en los evangelios, que ni él mismo sabía el día y la hora. Todo el problema está en que, si se descuida el sentido de urgencia, los adeptos aflojarán el paso y terminarán saliéndose de las filas jehovistas, como ya está ocurriendo, a pesar de que el Cuerpo Gobernante de los Testigos lo desmiente y disfraza los informes anuales.
    ¿Por qué no se cumplen las supuestas profecías bíblicas y concretamente la de la venida de Cristo en su gloria para establecer el Paraíso en la Tierra tras la batalla de Armagedón? Sencillamente porque los evangelios no son producto del siglo I ni recogieron las palabras y los hechos de un tal Jesús de Nazareth, sino que comenzaron a ser escritos en el siglo IV por orden del emperador Constantino, quien pretendía amalgamar en una sola todas las religiones del Imperio, para lo que mandó también que se creara un personaje o dios central. Eusebio de Cesarea junto con Osio de Córdoba fueron en realidad los primeros escritores de los ‘nuevos testimonios’ que posteriormente se denominaron ‘Nuevo Testamento’.
    De ahí que los más tempranos códices daten del siglo IV y no de antes, como pretenden probar los eclesiásticos por medio de copias de textos evangélicos en hojas de papiro que se hicieron pasar como productos de los siglos II y III. Jerónimo continuó la tarea casi a finales del siglo IV al rehacer y cambiar los textos de Eusebio. Jerónimo los escribió en latín, que no significa que tradujo del griego al latín cuanto había escrito Eusebio. Posteriormente la Iglesia fue añadiendo pasajes al Nuevo Testamento, según la doctrina en boga, mientras que se rehacían los códices, los cuales estaban rigurosamente controlados. Evangelios y epístolas fueron escritos, pues, por y para la Iglesia.   
    Los testigos de Jehová, como todos los protestantes, creen a pies juntillas cuanto está escrito en el Nuevo Testamento y lo toman literalmente como palabra fiel de Dios. El Nuevo Testamento fue terminado de recomponer por la Iglesia a principios del siglo XV, cuando se le añadieron al evangelio de Lucas, que era el más corto, el conjunto de textos conocido como ‘la gran inserción’ (Lucas 9:51 a 18:14) y que no figuran en el Códice Sinaítico, el más antiguo, presumiblemente de antes de mediados del siglo IV. En otros posteriores sí suelen figurar dichos textos porque tales códices se rehicieron según las nuevas añadiduras, aunque hay códices que escaparon de la reelaboración y en los cuales no aparecen los textos mencionados.
    Gutemberg comenzó a imprimir su Biblia de 42 líneas hacia 1452 y su ex socio Fust imprimió la Biblia completa en 1456, extraído su Nuevo Testamento de los códices que la Iglesia ya había reescrito. En el siglo XVI los protestantes se separaron de la Iglesia Católica y aceptaron la Biblia cuyo Nuevo Testamento ya estaba para entonces amañado con las nuevas añadiduras de un siglo atrás.   
    Los historiadores del supuesto tiempo de Cristo no dan razón de él. Por ejemplo, Filón de Alejandría, historiador judío, no sabe nada de la existencia de Jesús de Nazareth, y eso que vivió en los años en que la iglesia dice que vivió el nazareno. Eso es realmente extraño, pues Filón, aunque residía en Alejandría, recibía constantes noticias de Judea. Siendo Jesús un personaje fuera de serie, que curaba a los enfermos, daba de comer a multitudes y resucitaba a los muertos, es raro que Filón no supiera nada de él. Tampoco tenían constancia de Jesús en Roma. El evangelio dice que la fama de Jesús traspasó las fronteras. No cabe duda de que a personaje tan singular el emperador lo hubiera hecho llamar a su presencia.
    El historiador Josefo nada escribe sobre Jesús, salvo las pocas líneas que se le han colgado en el siglo IV y que se cree que son producto de Eusebio de Cesarea. Si Josefo hubiera sabido de Jesús, no cabe duda de que le hubiera dedicado libros enteros y no que al respecto solamente aparecen unas míseras líneas que ni son del propio Josefo. Lo mismo es cierto de los insignificantes pasajes que se le han interpolado a los escritos de Plinio, Tácito y otros. Estos autores también habrían escrito libros enteros de haber sabido de la existencia del personaje.  
    Las profecías bíblicas, y concretamente la del regreso de Cristo a la Tierra en la batalla de Armagedón para instalar el paraíso, no se cumplen porque en el siglo I no existió el personaje de Jesús de Nazareth, el cual fue producto de unos incipientes clérigos mitraítas que luego pasaron a ser cristiano-católicos y que en el siglo IV seguían las órdenes de Constantino de escribir un libro que sirviera de pauta religiosa para todos los súbditos del Imperio. Tal libro es producto de la Iglesia Católica, sufrió modificaciones a lo largo de los siglos y ha llegado hasta nuestro día como el Nuevo Testamento, no siendo en modo alguno un libro de profecías. Por eso no se cumplen.
 

viernes, 16 de diciembre de 2016

El equívoco del nacimiento virginal


 
 

    La atribución del primer evangelio al apóstol Mateo se basa en la tradición de los llamados primeros padres de la Iglesia, de quienes se conocen los escritos a ellos imputados, mas nada se sabe de su real existencia, salvo lo plasmado en la ‘Historia Eclesiástica’ de Eusebio de Cesarea, conocido como el ‘padre de la historia de la Iglesia’. Con toda seguridad los padres de la Iglesia, excepto Orígenes, son pura invención de Eusebio. De los padres de la Iglesia nada dice la Historia seglar. De Orígenes sí, pero está claro que Eusebio interpoló sus escritos y le hace decir que era cristiano. Eusebio añadió renglones tanto a los escritos de Orígenes como a los del historiador Josefo y algunos personajes más.

    De la lectura imparcial del evangelio atribuido a Mateo se deduce que el escritor no era natural de Judea. Si acaso conocía por encima las costumbres y leyes judías. A decir verdad, el apóstol Mateo al que se le atribuye el evangelio (que no lo escribió él) era galileo. Eusebio escribe en el siglo IV que el padre de la Iglesia Papías, que según Eusebio vivió en el siglo II, dijo que ‘Mateo ordenó las sentencias en lengua hebrea’. De igual manera pone en boca de Orígenes que el primer evangelio que se escribió fue el de Mateo y ‘lo compuso en lengua hebrea para los fieles procedentes del judaísmo’. Lo mismo indica Jerónimo a finales del siglo IV, aunque repite lo que ya estaba escrito.

    Si realmente Mateo hubiera profesado el judaísmo, no habría consultado la Septuaginta griega para tomar textos que incluyó en su evangelio como si fueran profecías acerca de Jesús de Nazareth. Un judío o una persona afín al judaísmo hubiera consultado las Escrituras hebreas, no las griegas. Pero si Mateo consultó la Septuaginta griega para escribir su evangelio, quiere decir que lo hacía porque no sabía hebreo y por tanto no pudo escribir en hebreo, diga lo que diga Eusebio por boca de los padres apostólicos que se inventó y digan lo que digan los teólogos de todas las épocas. La realidad es que los padres de la Iglesia son producto de la pluma de Eusebio de Cesarea y mediante ellos trataba de demostrar que los papas eran los sucesores de los apóstoles.

    Una de las citas más controvertidas que hace el escritor del primer evangelio en Mateo 1:22 y 23 es la del pasaje de Isaías 7:14. Tal cita ha sido tomada de la versión de la Septuaginta en griego y no de la versión hebrea. Tomar la cita de las Escrituras hebreas y no de las griegas hubiera sido lo más lógico de haber sido judío el escritor del mencionado evangelio, que además se dice que escribió para los judíos y no para los gentiles. En Mateo se lee, relativo al nacimiento de Jesús en Belén: ‘Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa Dios con nosotros’ (Biblia de Jerusalén). Ya de entrada es de observar que al recién nacido en Belén no se le impuso el nombre de Emmanuel, sino el de Jesús.

    El texto de Isaías 7:14, tal como lo presentan las versiones bíblicas basadas principalmente en la Septuaginta, dice: ‘Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel’ (Biblia Reina-Valera). Las versiones basadas en las Escrituras hebreas o Tanaj ofrecen el versículo de Isaías en términos algo diferentes, pero que vienen a ser idénticos a los que publica la Sociedad Bíblica en ‘La Biblia por Internet’: ‘Pues el Señor mismo os va a dar una señal: La joven está encinta y va a tener un hijo, al que pondrá por nombre Emanuel’ (Isaías 7:14).

    Dos importantes diferencias con la Septuaginta se aprecian en la biblia hebrea, de la que la Septuaginta es una traducción al griego, aunque no todo lo fiel que pudiera desearse. La primera diferencia es que las versiones hebreas especifican que la mujer ‘está encinta’, es decir, que el relato habla en tiempo presente y no futuro. En cambio, las versiones basadas en la Septuaginta indican que la mujer ‘concebirá’, hablando de un tiempo futuro. La segunda y no menos importante diferencia estriba en que las versiones griegas de Isaías 7:14 hablan de ‘la virgen’, en tanto que las hebreas mencionan ‘la joven’. Se trata de un error, posiblemente no involuntario, en la traducción del hebreo al griego del libro de Isaías.

    En las Escrituras hebreas, Isaías 7:14 emplea la palabra ‘almah’. Este vocablo se refiere en términos generales a una mujer joven, sin especificar si es virgen o no. Puede ser una mujer soltera o casada, pero joven. Hemos de tener en cuenta que la virginidad no es exclusiva de la juventud. Una mujer anciana puede haber permanecido virgen toda su vida. De manera que el vocablo hebreo ‘almah’ se traduce apropiadamente al castellano por ‘la joven’. Si Isaías 7:14 se hubiera referido a una virgen, hubiera empleado la palabra ‘betulah’, que en castellano se traduce por ‘virgen’; pero el caso es que la palabra hebrea que figura en el precitado versículo es ‘almah’, mujer joven, y no ‘betulah’, mujer virgen. Isaías se estaba refiriendo a su propia joven esposa y al hijo al que puso por nombre Emmanuel.

    Cuando los setenta y dos sabios (comúnmente llamados ‘los setenta’) que tradujeron las Escrituras hebreas al griego se toparon con Isaías 7:14, el término hebreo ‘almah’ lo vertieron con la palabra griega ‘parthenos’, que se traduce por ‘virgen’. Si bien en contadísimos casos la palabra ‘parthenos’ se ha aplicado a una joven que dejó de ser virgen recientemente, como en el caso de Dina, lo cierto es que ‘parthenos’ reviste siempre el significado de ‘virgen’. Lo más apropiado es que el vocablo griego ‘parthenos’ se hubiera aplicado a la palabra hebrea ‘betulah’, si hubiera sido ésta la palabra recogida en Isaías 7:14; pero el caso es que, erróneamente o no, se tradujo la locución hebrea ‘almah’ mediante la griega ‘parthenos’.

    Posteriormente, cuando se transcribió de la Septuaginta griega al latín, el término griego ‘parthenos’ se vertió como ‘virgo’, de donde la traducción castellana a su vez asumió la palabra ‘virgen’. Si se hubiera traducido imparcialmente el pasaje de Isaías 7:14 directamente del hebreo al castellano, se hubiera empleado la palabra ‘joven’ y no ‘virgen’. Y si el escritor del evangelio de Mateo se hubiera guiado por la versión hebrea de las Escrituras, hubiera empleado la palabra ‘joven’ y no la de ‘virgen’; pero, puesto que el escritor de Mateo no era judío ni consultó las Escrituras hebreas, vertió en su evangelio el pasaje de Isaías de la traducción griega de la Septuaginta, y de ahí que hoy crean los fieles que Jesús nació de una virgen.