martes, 18 de abril de 2017

¿Cuándo se escribió en realidad el Antiguo Testamento de la Biblia?


 
    En tiempos del rey Josías, durante unas obras realizadas en el templo de Jerusalén, fue encontrada en una de las paredes el Libro de la Ley. Los teólogos dicen que se trataba del Deuteronomio. No parece que ahí entraran los libros de Génesis, Exodo, Levítico y Números, los cuatro primeros libros del Pentateuco. Y en cuanto al Deuteronomio, pudiera tratarse de una forma primitiva del mismo. Pero, aún si se tratara de toda la Ley, es decir, de los cinco libros del Pentateuco, el relato no indica que se encontraron los demás libros de la Biblia anteriores al reinado de Josías. El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová sitúa el reinado de Josías entre los años 660 y 629 a.e.c. La Historia, sin embargo, ubica a Josías entre los años 640 y 609 a.e.c.

    No dice el relato bíblico que en las obras del templo aparecieran los libros de: Josué, Jueces, Rut, Primero de Samuel, Segundo de Samuel, Job, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Isaías y los profetas Oseas, Joel, Amós, Jonás y Miqueas, escritos antes del tiempo de Josías. Todos los demás libros se escribieron a partir de Josías, como se desprende de la lista de libros bíblicos que publica el Cuerpo Gobernante. Desde Josías, según la tabla watchtoweriana y según su cuenta del tiempo en que reinó Josías, se escribieron los siguientes libros: Primero de Reyes, Segundo de Reyes, Primero de Crónicas, Segundo de Crónicas, Esdras, Nehemías, Esther, Salmos, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Abdías, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

    Los relatos de David y Salomón (libros de los Reyes) habrían sido escritos por Jeremías hacia el año 580 a.e.c., según la aludida tabla. ¿No se conocía la existencia de David y Salomón en tiempos anteriores a Josías? El Cuerpo Gobernante arguye que Jeremías escribía a la vista de documentos más antiguos, de lo cual no hay prueba documentada. Lo realmente cierto es que hasta el año 580 a.e.c. Jeremías no escribió los libros primero y segundo de los Reyes. ¿Por qué no se publicó nada sobre los reyes de Israel o Judá antes del año 580 a.e.c., como hubiera sido lo más lógico, a fin de que hubiera constancia escrita ante el pueblo?

    En cuanto al libro de Génesis, lo más probable es que se escribiera después del retorno de los judaítas a su tierra, ya que no pocos relatos, como el del Diluvio y el de Moisés en una cesta sobre el agua, aparecen en las tablillas de Babilonia y Sumeria, que son mucho más antiguas que los relatos bíblicos, aunque los teólogos lo nieguen.

    Nos da por pensar que los sacerdotes judaítas comenzaron a escribir el llamado Antiguo Testamento de la Biblia en tiempos del rey Josías, cuando era solamente un niño al que pudieron engañar fácilmente, e hicieron pasar los relatos como arcaicos. Desde Josías en adelante se escribieron más libros y se retocaron tanto éstos como los que se habían hecho pasar por más antiguos. No hay prueba arqueológica y documental de la existencia de los patriarcas bíblicos ni de los grandes reyes de Judá muy anteriores a Josías. Todo es producto de una Biblia de la que se asegura que está basada en libros que supuestamente conservaban aquellos patriarcas de los que nada se sabe históricamente.  

 

 

viernes, 14 de abril de 2017

El pan que Jesucristo partió la noche de la cena con los apóstoles

 

    Los evangelios fueron escritos en griego, antes de ser traducidos al latín por Jerónimo de Estridón a partir del año 382. De ahí que los más antiguos códices aparezcan en griego. Eusebio de Cesarea hace decir a los padres apostólicos -que son invención de su pluma, pues la Historia seglar no da razón de ellos, a excepción de Orígenes y de algún otro a quienes Eusebio les insertó textos caprichosamente- que Mateo el apóstol escribió su evangelio en hebreo. A decir verdad, Mateo no escribió ningún evangelio. No se sabe quiénes escribieron los evangelios, a pesar de que la Iglesia teoriza que fueron Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

    En la Edad Media sí circulaba un evangelio de Mateo escrito en hebreo y atribuído a Sem Thov, en el cual no aparece la fórmula trinitaria del bautismo ‘en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’, fórmula que no existía en los tiempos de Eusebio de Cesarea (siglo IV). Eusebio cita siete veces de los últimos versículos de ese evangelio, pero sin mencionar dicha fórmula, ya que en su tiempo la expresión ‘bautizándolos en el nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo’ no estaba escrita en el evangelio. No se sabe cuándo fue incorporada esa expresión al evangelio. Probablemente lo hizo Jerónimo cuando creó su Vulgata latina a finales del siglo IV. De la Vulgata se elaboraron los códices que hoy conocemos y los papiros que se hicieron pasar por más antiguos.

    Lo cierto es que los primeros códices estaban escritos en griego. En las traducciones interlineales de los evangelios -como la traducción de la Sociedad Watch Tower, que presenta el texto en griego y debajo su traducción literal al inglés, mientras otras biblias interlineales lo vierten al castellano- se observan dos palabras distintas para el vocablo ‘pan’. En castellano llamamos ‘pan’ tanto al pan con levadura como sin ella. Pero en griego hay distinción de términos entre ‘pan con levadura’ (en griego ‘arton’) y ‘pan sin levadura’ (en griego ‘azumon’).

    Así, en la Pascua judía se comía ‘azumon’ o pan sin levadura, como indica en griego el evangelio de Mateo 26:17, Marcos 14:12 y Lucas 22:1. Ahí se lee que se acercaba el día de las ‘tortas no fermentadas’ o de los ‘panes ácimos o sin levadura’. El término ‘pan ácimo o torta no fermentada’ aparece con la palabra ‘azumon’. Por su parte, en la cena de Jesucristo con sus apóstoles leemos que él partió un pan y lo distribuyó. Aquí la palabra ‘pan’ aparece en griego con el vocablo ‘arton’, que significa pan con levadura (Mateo 26:26; Marcos 14:12; Lucas 22:19).

    Tanto los teólogos católicos como los protestantes y los testigos de Jehová, que ya tienen la idea preconcebida de que Jesucristo celebró esa noche la Pascua judía con sus apóstoles, se adelantan a decir que en este caso la palabra ‘arton’ se refiere a un pan en general, sea con levadura o sin ella. Pero los expertos independientes o no adscritos a iglesia alguna afirman que ‘arton’ solamente puede referirse a pan con levadura y que si el evangelista hubiera querido decir ‘pan sin levadura’ hubiera escrito ‘azumon’ y no ‘arton’.

    ¿Por qué emplea el evangelista la palabra ‘arton’ o pan con levadura si, según se cree, Jesucristo acababa de celebrar la cena de Pascua con sus apóstoles y tomó uno de los panes de esa cena para partirlo y distribuirlo? La razón es bien sencilla: Jesucristo no celebró ese año la cena de Pascua judía porque murió el 14 de Nisán a la misma hora (entre las dos tardes) en que se sacrificaban los corderos para la cena de Pascua, que se observaba al empezar el 15 de Nisán, con la noche. No olvidemos que el día entre los judíos empezaba al final del crepúsculo, cuando aparecían las tres primeras estrellas.

    El historiador judío Flavio Josefo escribe que los corderos se sacrificaban entre la hora novena y la undécima del 14 de Nisán (es decir, entre las 3 y las 5 de la tarde, hora solar). Esto está de acuerdo con Exodo 12:5 y 6, donde se lee que cada familia debía tener en cada casa un cordero hasta el 14 de Nisán y que tenía que degollarlo entre las dos tardes de ese mismo día. La primera tarde empezaba a las 12 del día, que era cuando el Sol comenzaba a declinar. La segunda tarde iba de las 3 a las 6, cuando se iniciaba el crepúsculo. Pero aún si las dos tardes se refirieran, la primera a las seis horas de la tarde (de 12 a 6) y la segunda al crepúsculo (de 6 a 7 de la tarde), la matanza del cordero se hacía justamente en medio de las dos tardes o entre las dos tardes.  

    Si el cordero se degollaba el día 13 entre las 6 y las 7 de la tarde, ya en el crepúsculo, como afirman los testigos de Jehová, no hubiera dado tiempo a aderezarlo y asarlo para ser comido en familia en las primeras horas de la noche, es decir, entre las 7 y las 8, hora solar. La cena de Pascua duraba unas tres horas, dado el largo ritual que se efectuaba durante la misma. Asar el cordero llevaba un mínimo de tres horas y, si una familia comenzaba a asarlo a las 8 de la tarde, pongamos por caso, hasta las 11 de la noche hora solar (que son hoy las 12 o la 1) no comenzaba la cena, la cual, con su ceremonial, finalizaría a las 2 de la madrugada (hoy las 3 o las 4 de la madrugada).

    Según la Biblia, la primera cena de Pascua la celebraron los israelitas al iniciarse el 15 de Nisán, por la noche, no al empezar la noche del 14 de Nisán. Y salieron de Egipto en la madrugada del 15 de Nisán. Por esa razón era fiesta el día 15 y no el 14. El 15 de Nisán era el día de la liberación de Israel del yugo egipcio, es decir, la fiesta nacional. Si la liberación hubiera acontecido el 14 de Nisán, sería fiesta ese día y no el 15 de Nisán. El día 14 de Nisán era, como indica el evangelio de Juan, el ‘día de la Preparación’ de la Pascua, que comenzaba entre las dos tardes con el sacrificio del cordero. El 14 de Nisán, pues, se degollaba el cordero hacia las 3 de la tarde y por la noche, ya entrado el día 15, que era noche de luna llena, se cenaba.    

    El evangelio especifica que Jesucristo salió con sus apóstoles al monte de los Olivos después de la cena. Aún suponiendo que hubiera empezado la cena como muy pronto a las 7 de la tarde, hora solar, la habría acabado hacia las 10, también hora solar, que hoy equivale a las 11 o las 12 de la noche. Si la cena la hubiera empezado más tarde, también sería más tardía la hora de salida hacia el monte. De todas maneras, ésas no son horas de moverse de casa, sobre todo en un tiempo en que la temperatura nocturna máxima es de 10 grados. Aparte de eso, después de la cena de Pascua no era costumbre salir de casa; ello indica que, si Jesús salió de noche de la ciudad, la cena que celebró con los suyos no era la de Pascua.

    Por otro lado las puertas de Jerusalén estaban de noche cerradas y custodiadas por los soldados romanos, que no permitían salir a nadie, sobre todo por temor de que se fraguara algún levantamiento contra la autoridad romana. Se vigilaban las aglomeraciones dentro de la ciudad y mucho más si se celebran fuera de ella, aunque no se permitían de ninguna manera, salvo la de la Pascua y alguna otra celebración, dentro de la ciudad. En esos días se doblaba la vigilancia. No se sabe por qué los evangelios dicen que a Jesucristo le seguían multitudes, cuando los romanos no las permitían. Ello indica que los escritores de los evangelios no conocían las costumbres judías del primer siglo y por tanto quienes los escribieron fueron personas de siglos posteriores.

    En el evangelio de Lucas 22:55 hay un detalle muy curioso. Ahí se lee que el apóstol Pedro estaba en el patio donde se había encendido un fuego y él se acercó, evidentemente a calentarse, porque la noche era fría. Eso sugiere que no se entiende cómo pudieron Jesucristo y los apóstoles soportar varias horas al sereno de aquella fría noche en el huerto del monte de los Olivos. Nada dice el evangelio de que llevaran mantas, aparte de que no hubieran servido de mucho. 10 grados de temperatura por la noche, que es lo máximo que a primeros de abril se tiene en esas latitudes, supone demasiado frío. Por eso Pedro se acercó al fuego del patio a calentarse. Pero en el huerto no había un fuego encendido y no se concibe cómo pudieron soportar durante horas la baja temperatura en una noche en que no se podía salir de la ciudad.  

    Los apóstoles estaban casi todos casados y por Ley deberían celebrar la cena de Pascua con sus familias. Jesucristo sería el cabeza de familia en su casa y debería haber celebrado la cena de Pascua con su madre y hermanos. Eso, el hecho de que el pan que se consumió esa noche era ‘arton’ y también el hecho de que Jesús murió el día de la Preparación de la Pascua, a la hora en que se degollaban los corderos para la cena, da a entender claramente que la cena en cuestión no era la de Pascua judía.  

   

   

jueves, 13 de abril de 2017

El misterio de Julio César (J.C.)

Hoy me limito a transcribir el artículo de J.A.S.M. que aparece en un periódico de habla hispana de Nueva York y que no agrada en absoluto a los devotos:




El misterio de Julio César (J.C.)


    En el Vaticano puede admirarse la famosa escultura de la Piedad, de Miguel Angel. Aparentemente se trata de Jesucristo muerto en los brazos de su madre. Un examen imparcial y cuidadoso de la escultura permite observar que la ‘madre’ es tan joven o más que el propio hijo que ahora está inerte en su regazo. El mismo cuadro aparece en el Vía Crucis, en la decimotercera estación, cuyo enunciado reza: ‘Jesús es bajado de la cruz y entregado a su madre’. Ahora bien, esta escena de Jesús en brazos de su madre no aparece en los evangelios. Se trata de algo ya tradicional en la Iglesia. ¿De dónde procede exactamente?

    Si rastreamos su verdadero origen llegamos al momento en que Julio César, traicionado y asesinado salvajemente por un grupo de senadores el 15 de Marzo del 44 a.C., es recibido en los brazos de su esposa Calpurnia, según describen las crónicas históricas. Calpurnia era más joven que su esposo. La famosa Piedad y las estampas del Vía Crucis que muestran a Jesús ya muerto en brazos de su madre no pueden ser otra cosa que una velada representación de Julio César en el regazo de su esposa Calpurnia. Por eso la escena no figura en los evangelios, aunque al pueblo se le asegure que se trata de Jesús en brazos de María, tras ser desclavado y bajado del stauros, justamente antes de ser enterrado.

    Los relatos existentes de Julio César lo presentan como una persona de gran bondad y clemencia hacia sus enemigos y como el supremo benefactor de los necesitados. Ya en vida estuvo considerado como un dios y como el ‘salvador de la humanidad’. A sus soldados los trató como verdaderos hermanos y hasta les donó tierras. De ahí la gran estima en que era tenido. Esto no agradaba al senado, varios de cuyos miembros conspiraron contra él y le asesinaron en la Curia de Pompeyo, mientras presidía la reunión, asestándole veintitrés puñaladas, una de cuyas heridas fue mortal de necesidad. Los sirvientes llevaron el cadáver de César a su casa y lo entregaron a su desconsolada esposa, que lo tomó en sus brazos, arrodillada.

    Los funerales se celebraron en el Foro de Roma y fueron presididos por Marco Antonio, militar allegado a Julio César y que había participado en sus campañas bélicas. Marco Antonio hizo que se fabricara en cera una figura de César con las heridas marcadas en el cuerpo. La figura, con los brazos extendidos, la clavó a un tropaeum, un trofeo o estructura de madera en la que se colgaban los escudos, cascos y otros despojos ganados a los enemigos. El trofeo podía ser un tronco de árbol. En el caso que nos ocupa, el trofeo tenía forma de cruz, ya que la figura en cera de César fue clavada al mismo con los brazos extendidos.

    Inserto en un mecanismo que lo hacía girar, el tropaeum mostraba en alto la figura de César al pueblo allí congregado. Al pie del tropaeum se hallaba una urna diseñada en forma de templo de Venus, con columnas jónicas. Dentro y a la vista del público estaba el cadáver de Julio César. En un momento dado Marco Antonio levantó la túnica que cubría el cuerpo para que el pueblo viera las heridas.

    Tras el discurso y las plegarias pertinentes, el cadáver de César fue incinerado y tanto los soldados como la gente arrojaron a la hoguera valiosas pertenencias, principalmente joyas y prendas caras, en señal de duelo. La ceremonia duró hasta muy avanzada hora de la noche. A partir de entonces, todos los 15 de Marzo, pues el magnicidio acaeció en los idus de marzo, el pueblo conmemoraba la muerte de César por medio de procesionar la figura clavada al tropaeum, así como la urna en forma de templo y la escultura de César en los brazos de Calpurnia, algo semejante a lo que ocurre hoy en las procesiones de Semana Santa.

    Los soldados romanos extendieron celosamente la costumbre de celebrar la muerte de César por todas las regiones del Imperio. En todas partes se exhibían los mismos símbolos esculturales: la figura de César en el tropaeum -que derivó en una cruz-, en la urna y en los brazos de su esposa Calpurnia. Esta veneración a Julio César duró hasta bien entrado el siglo IV, en que la Iglesia la cambió por la celebración de la pasión y muerte de Jesucristo. A partir de entonces, el crucificado, enterrado y llorado en brazos femeninos sería el propio Jesús de los evangelios.  

    Existen grandes paralelismos nominales entre Julio César y el Jesús de los evangelios. Así, por ejemplo, Julio César venía de la Galia, en tanto que Jesús venía de Galilea. La primera ciudad que visitó César cuando cruzó el río Rubicón fue Corfinium, mientras Jesús hacía lo propio en Cafarnaúm tiempo después de salir del río Jordán, donde se bautizó. César se entrevistó de noche con Nicomedes de Bithynia, mientras Jesús lo hizo con Nicodemo de Betania. César se enfrentó al Senado y Jesús al Sanedrín. Un rival de César, Pompeyo, que en un principio era su vasallo, fue decapitado y su cabeza exhibida en una bandeja. En tiempos de Jesús, Juan el Bautista fue decapitado y puesta su cabeza en una bandeja.

    Casio Longino fue con Bruto el promotor del asesinato de César, que murió por una herida recibida en el pecho. En el caso de Jesús, la tradición católica dice que un soldado llamado Longino le atravesó el pecho con una lanza. Y aún habría que tener en cuenta que Julio César padecía de epilepsia, lo que le hacía caer al suelo en repetidas ocasiones. Y en el Via Crucis vemos tres caídas de Jesús con la cruz, algo que no describen los evangelios, sino que se trata de tradición eclesiástica.    

    En Londres se custodia una de las más tempranas representaciones de Jesús en la cruz y sin barba. Los brazos están extendidos y sus manos clavadas en rigurosa horizontalidad. No cuelgan hacia abajo, como en las representaciones que se hicieron a partir del Renacimiento y que son las que hoy tenemos. Los pies de Jesús no están clavados, sino que cuelgan al aire. Esta postura es del todo imposible para un cuerpo de carne y hueso, pues su peso desgarraría las manos y caería. Analizada la imagen, se detecta que el Jesús representado no puede ser de carne y hueso, sino que simplemente se trata de una figura inerte que bien recuerda a la escultura de cera de Julio César clavado al tropaeum.     

    Con la aparición de la Iglesia Católica en el siglo IV se diluye la veneración que se le tributaba a Julio César. Hay autores que estiman que esa devoción fue trasmutada al cristianismo. Todas las opiniones son respetables, sin inclinarnos por ninguna. Solamente exponemos puntos de vista. Sin embargo son significativos ciertos parecidos entre Julio César y el Jesús de los evangelios y de la tradición eclesiástica.

   

viernes, 7 de abril de 2017

¿Por dónde salieron de Jerusalén Jesús y sus apóstoles la noche de la última cena?


 
    Después de su última cena con los apóstoles, Jesucristo salió con ellos de la ciudad de Jerusalén, camino del Monte de los Olivos, tal como indican los evangelios:

    ‘Por último, después de cantar alabanzas, salieron al monte de los Olivos’ (Mt. 26:30)

    ‘Al salir, se fue como de costumbre al monte de los Olivos; y le siguieron también los discípulos’ (Lc. 22:39).

    El Monte de los Olivos estaba fuera de las murallas de Jerusalén, aunque cerca.

    Con respecto a la salida de Jerusalén de los personajes que nos ocupan surgen tres preguntas:

    Pregunta l.- ¿Por dónde salieron Jesús y sus apóstoles de la ciudad, si nadie podía salir de ella al anochecer y todas las puertas, hasta el llamado ‘ojo de la aguja’, estaban cerradas y vigiladas por los soldados romanos, que no permitían de ninguna manera la salida a nadie, y menos en grupo, por temor a que los que salían pudiesen fraguar algún tipo de revuelta?

    Pregunta 2.- ¿Cómo Jesús y los apóstoles pudieron aguantar al sereno de la noche, durante horas, una temperatura máxima de 10 grados, que es lo que se calcula para primeros de abril en aquellos lugares, suponiendo que aquella noche fuese de las menos frías? El relato no dice que llevaran mantas, y aunque las hubieran llevado, 10 grados al aire de la noche durante horas es soportar demasiado frío.

    Pregunta 3.- Aunque había luna llena, ¿cómo se alumbraron aquella noche Jesús y los suyos en el Monte? El relato nada menciona de que portaran antorchas. Sin embargo, sí está registrado que los apresadores de Jesús esgrimían antorchas y lámparas: ‘Judas tomó a la banda de soldados y a los oficiales de los sacerdotes principales y de los fariseos y llegó allí con antorchas y lámparas y armas’ (Juan 18:3). Pero de Jesús y los apóstoles no se dice que llevaran antorchas o lámparas encendidas para alumbrarse.

    Ante estas incongruencias, hemos de concluir inevitablemente que no eran judíos ni conocían las costumbres de la Jerusalén del primer siglo los escritores de los evangelios (o el escritor, porque resulta que todos los evangelios y las cartas apostólicas, salvo contadas excepciones, tienen el mismo estilo de redacción y las mismas coletillas, lo que indica que su autoría es de un solo individuo). Por fuerza estos relatos tuvieron que haberse escrito mucho tiempo después del primer siglo. Y dado que los primeros códices datan del siglo (códice Sinaíticus), se estima que los evangelios y demás libros del Nuevo Testamento vieron la luz en el siglo IV, en tiempos de Constantino, que fue cuando el emperador trató de unificar todas las religiones del Imperio.

 

 

domingo, 2 de abril de 2017

¿Es el pan y el vino de la Conmemoración solamente para los ungidos?


 
    -Hola, Pedro. Como anciano que eres de congregación, debo consultarte algo.

    -Tú dirás, Juan.

    -Verás, nosotros no participamos de los emblemas del pan y del vino.

    -No, claro.

    -Solamente somos observadores; o sea, que nos limitamos a ver cómo otros participan.

    -Así es.

    -Pero en la cena de Jesucristo no había observadores; solamente había participantes.

    -Sí, tan solo estaban con él los apóstoles.

    -Y Jesucristo dijo que se hiciera eso en memoria o conmemoración de él.

    -Así es.

    -Bien, exactamente, ¿qué es lo que había que hacer en memoria de él: participar del pan y del vino o ver cómo otros participan?

    -Bueno, como Jesucristo celebró su cena con ungidos, solamente los ungidos pueden participar.

    -¿Celebró Jesucristo su cena con ungidos?

    -Por supuesto. Los apóstoles eran ungidos.

    -Piensa un poco, Pedro.

    -No hay que pensar. Los apóstoles eran ungidos.

    -Siento contrariarte, Pedro; pero, si lees bien, verás que los apóstoles no eran ungidos cuando Jesucristo celebró su cena con ellos.

    -¿Cómo que no? ¡Eran ungidos!

    -No, Pedro. En el momento de la cena no eran ungidos. Lo serían más tarde, en el Pentecostés, cuando fueron ungidos con el Espíritu Santo.

    -Bueno, pero Jesucristo sabía que iban a ser ungidos.

    -Claro, Pedro; pero la cuestión es que en el momento de la cena los apóstoles no eran ungidos.

    -Ya… admitamos eso.

    -Entonces ¿por qué hoy día solamente participan de los emblemas los que se consideran ungidos?

    -Es lo suyo, Juan.

    -Pero Jesucristo no celebró su cena con ungidos. Solamente con los doce apóstoles, que al final fueron once, aunque Matías fue escogido más tarde como apóstol.

    -Claro, celebró su cena con los apóstoles porque hacía con ellos un pacto para un reino.

    -Así es. Entonces, ¿por qué no celebró su cena, por ejemplo, con los 120 discípulos, incluídos los apóstoles, de los que habla Hechos, capítulo uno?

    -Hombre, Juan, porque no cabían en el cenáculo.

    -Pero sí cabían en un aposento superior de Jerusalén.

    -Ya.

    -Entonces, ¿por qué no celebró su cena con todos ellos, ya que todos iban a ser ungidos?

    -Bueno, ya te he dicho que celebró su cena con los apóstoles porque hizo con ellos un pacto para un reino.

    -Así es, Pedro. Si la cena la celebró únicamente con sus apóstoles, fue con ellos únicamente que hizo el pacto, no con los demás que iban a ser ungidos.

    -Ya… no había pensado en eso.

    -¿Y qué fue lo que Jesucristo dijo a los apóstoles que hicieran en memoria de él?

    -Pues… el participar del pan y del vino.

    -Exacto. No dijo nada de ser observadores de los que participan del pan y el vino.

    -No, no lo dijo…

    -Entonces, Pedro, si hemos de celebrar la conmemoración de la muerte de Cristo, también hemos de participar del pan y del vino. Y más teniendo en cuenta que él no cenaba con ungidos. Por tanto los no ungidos pueden participar del pan y del vino, ya que los apóstoles eran en este caso una representación de todos los cristianos.

    -Pero hizo con ellos un pacto para un reino.

    -Exacto; pero solamente con los apóstoles, a quienes dijo que juzgarían a las doce tribus de Israel. Doce tribus, a un apóstol por tribu. No 144.000.

    -Pero hoy sabemos que hay en total 144.000 ungidos. Lo dice el Apocalipsis.

    -Exacto, Pedro, lo dice el Apocalipsis. Pero, si te fijas, al principio dice el libro que todo se le dio a Juan en señales o símbolos.

    -Sí, eso es lo que dice.

    -Por tanto el Apocalipsis es un libro simbólico, no literal. Y cuando habla de 144.000 se trata de un número simbólico, lo mismo que cuando habla del Armagedón, que no es más que un símbolo. No es algo que haya de tomarse literalmente.

    -Ya me pones a dudar, Juan.

    -Además, Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no sabían nada de los 144.000.

    -No, claro, no sabían nada de eso.

    -Y como Jesucristo dijo que enseñásemos a otros todo lo que él había mandado, lo de los 144.000 no hay por qué enseñarlo, puesto que Jesucristo nada mencionó de ello.

    -Ya. Pero el Apocalipsis se escribió a finales del siglo I.

    -No lo sabemos, Juan. En los tres primeros siglos nadie sabía nada del Apocalipsis, a pesar de que los teólogos dicen lo contrario, pero sin pruebas. Lo de la inspiración del Apocalipsis es tradición de la Iglesia Católica. Lo cierto es que hasta finales del siglo cuarto la Iglesia no incluyó el Apocalipsis en su canon inspirado. ¿Qué pasó con los cristianos hasta entonces? ¿Cómo podían saber que eran ungidos o pertenecientes a los 144.000 si el Apocalipsis no solo no lo tomaban como inspirado, sino que ni siquiera sabían que existía?

    -No había pensado en eso, Juan.

    -Así que, para concluir, Jesucristo no celebró su cena con ungidos. Y además dijo que lo de tomar del pan y el vino se hiciera en memoria de él. Y lo dijo para todos los cristianos, se consideren ungidos o no.

    -Ya, Juan. No lo digas muy alto, no sea que alguien nos escuche y nos lleve al comité.

    -Por mí ya estaría tardando.

 

 

 

viernes, 24 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.C. (CAPITULO XXIII)

ULTIMO CAPITULO DE LA SEGUNDA EDICION DEL LIBRO
'LA VERDAD DE LOS AÑOS 607-537 A.C. Y 1914'
(En la tercera edición se aportan testimonios de ex ancianos de congregación)
 
 
XXIII
 
El invento del Nuevo Testamento

 
    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová enseña que la apostasía se instaló en las congregaciones tras la muerte del apóstol Juan, a finales del siglo I. Según entiende el Cuerpo, la apostasía estuvo activa desde el siglo II hasta finales del siglo XIX, cuando Russell -según los dirigentes de los Testigos- reactivó el cristianismo verdadero, y eso sin haber contactado con ningún supuesto Esclavo Fuel y Discreto o cuerpo de cristianos verdaderos que hipotéticamente estaba activo desde el pentecostés del año 33 de nuestra era.

    Esta doctrina del Esclavo Fiel ha sido cambiada, pues Russell no se comunicó con tal antiguo Esclavo. Ahora el Cuerpo Gobernante enseña que el Esclavo Fiel y Discreto lo nombró Jesucristo en 1919 y tal nombramiento recayó sobre los miembros de la Junta Directiva de la Watch Tower, una entidad mercantil. Por tanto Russell nunca ha sido el Esclavo Fiel y Discreto para el actual Cuerpo Gobernante, y ello a pesar de que todos los Estudiantes de la Biblia le consideraron a Russell como tal Esclavo durante cuatro décadas, incluso cuando ya estaba muerto. El Cuerpo Gobernante de hoy dice que el conjunto de sus miembros constituyen el Esclavo Fiel y Discreto, lo cual no ha agradado a los Testigos que se tenían por ungidos o destinados a reinar con Cristo en el cielo, los cuales fueron desposeídos por el Cuerpo Gobernante de su título de Esclavo Fiel.

    Si la apostasía entró en las congregaciones a partir del siglo II, cabe preguntarse quién o quiénes declararon como inspirados los libros del Nuevo Testamento o, como lo llama el Cuerpo Gobernante, Escrituras Griegas, aunque dicha designación no es del todo correcta, ya que también son escrituras griegas las del Viejo Testamento traducidas al griego, lo que se conoce como la Septuaginta.

    La Iglesia Católica dice que la lista más antigua de los libros inspirados es el fragmento de Muratori, de hacia el año 170. Se basa en que en el mismo se cita al emperador Antonino Pío y por ello se cree que el fragmento es de ese tiempo. De todas maneras, aunque el Muratori ofreciera la lista de libros inspirados, los que lo dieron no podían ser cristianos verdaderos, según el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, ya que entonces estaba en pleno vigor la apostasía.

    No hay listados de libros inspirados que hayan sido dados por una hipotética congregación cristiana verdadera, ya que todas las listas que se conocen proceden de la Iglesia Católica. Los Padres de la Iglesia hablaban ya de los evangelios, tan temprano como en los tiempos de Ignacio de Antioquía, antes del año 107. Otros Padres también mencionaban de los escritos del Nuevo Testamento. ¿Quiénes fueron los Padres de la Iglesia? En realidad la Historia nada sabe de ellos, a excepción de Orígenes y algún otro.

    Los Padres de la Iglesia vinieron a la existencia en los escritos de Eusebio de Cesarea, ya en el primer tercio del siglo IV. Antes de Eusebio nadie sabía nada de estos Padres. La realidad es que, a raíz de crear el emperador Constantino la Iglesia Católica, Eusebio se inventó a los Padres, como inventó otras muchas supuestas historias del cristianismo que dio a conocer a través de su obra ‘Historia Eclesiástica’. Si los hechos fueran reales, su investigación le hubiera llevado a Eusebio décadas o tal vez toda la vida, y no que lo despachó todo en unos pocos años. Inventar historias lleva menos tiempo que investigarlas. No en vano a Eusebio le consideran muchos clérigos el mayor embustero de la Iglesia.

    Los primeros códices del Nuevo Testamento no aparecen hasta el siglo IV, precisamente  en el tiempo de Eusebio de Cesarea. Este Eusebio escribió en griego las cincuenta copias que Constantino le encargó, las cuales fueron distribuidas por varias bibliotecas del Imperio. Se cree que dos de esas copias son los códices Sinaíticus y Vaticanus, tan diferentes de los demás códices. Hacia el año 380 todas las copias eusebianas fueron retiradas y en su lugar se distribuyeron las que por encargo del Papa recompuso Jerónimo de Estridón en su Vulgata en latín, quien dijo que la tarea le resultaba sumamente difícil. Lo más probable es que los primeros códices acordes con la versión evangélica de Jerónimo partan de finales del siglo IV o principios del V.

    Afirmar que existen papiros de los evangelios anteriores al siglo IV es demasiado presuntuoso. Se sabe que la Iglesia siempre falsificó documentos para que parecieran de mayor antigüedad y no extraña que mandara transcribir en papiros, en griego, con caligrafía antigua, gran parte de lo que Jerónimo había escrito en latín. De esta manera no pocos estudiosos han caído en la trampa de declarar que estos papiros son de los siglos II y III. Puede que el material fuera de esos siglos, pero un análisis imparcial de las tintas no llevaría a siglos anteriores al IV ó V.

    Con todo, aún si los papiros fueran de los siglos II y III, y aún sabiendo con exactitud que los primeros códices son del siglo IV, lo cierto es que todos ellos son obra de eclesiásticos, fueran o no católicos. En modo alguno fueron escritos por hipotéticos cristianos verdaderos, de los cuales nadie sabía nada en esos siglos. Cristianos verdaderos se consideraron a los supuestamente predecesores de la Iglesia Católica y ésos no son considerados como tales por el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová.

    No se sabe quiénes escribieron los evangelios y las cartas apostólicas. La atribución a Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, Pedro, Santiago y Judas es tradición de la Iglesia Católica, cuyos Padres así lo afirman en sus hipotéticos escritos. Y ya sabemos que los Padres de la Iglesia fueron inventados por Eusebio de Cesarea en el siglo IV. Y este Eusebio seguramente le añadió párrafos del cristianismo a Orígenes, que sí existió. Y la pregunta surge de nuevo: ¿Cómo pueden los testigos de Jehová aceptar como auténticas unas copias evangélicas que no se sabe quiénes las escribieron y de las cuales la iglesia Católica fijó el canon de su inspiración?

    Aparte de lo anterior, en el siglo XV la Iglesia añadió al evangelio de Lucas la que se llama la ‘gran inserción’, que comprende los capítulos y versículos de Lucas 9:51 a 18:14, antes de la invención de la Imprenta. Al siglo siguiente los protestantes se separaron de la Iglesia y llevaron consigo las Escrituras que la propia Iglesia tenía recopiladas, ya con la inserción efectuada al evangelio de Lucas. Y de esa Biblia que aceptaron los protestantes copiaron la suya los testigos de Jehová, porque hemos de tener en cuenta que la Traducción del Nuevo Mundo no es producto de una seria traducción de los manuscritos hebreos y griegos, sino que se trata de una fusión o recopilación de la consulta de varias biblias protestantes en inglés, pero adaptadas a las doctrinas en boga de la Watch Tower.

    La cuestión final es si no estamos aceptando como Palabra de Dios una parte de la Biblia que muy probablemente haya sido inventada en el siglo IV por Eusebio de Cesarea, quien también se inventó a los Padres de la Iglesia.
 
(FIN DE LOS CAPITULOS DEL LIBRO)

 

jueves, 23 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.C. y 1914 (CAPITULO XXII)


 
XXII
 
 
La Verdad libera y no esclaviza

 
    Los testigos de Jehová ven a sus pastores (ancianos, superintendentes y Cuerpo Gobernante) como superiores en conocimiento bíblico y dan por hecho que los tales profesan la verdad de la Biblia y, por tanto, lo han investigado todo al respecto. Esta elocuente seriedad con que se presentan los pastores de los testigos de Jehová y el hecho de que manejen la Biblia constantemente, hace que los Testigos de a pie crean que ‘están en la verdad’ o en la única religión verdadera y, por tanto, no aceptan o no debieran aceptar argumentos de otros credos.

    Esto mismo es lo que sucede en el resto de las iglesias de la cristiandad. Todas tienen sus pastores y todas manejan de algún modo la Biblia, aunque los protestantes la utilizan más que los católicos. Estos pastores les dicen a sus feligreses que las demás religiones son falsas y que la verdad solamente está en la iglesia o congregación de ellos. Los feligreses aceptan a sus pastores y creen que éstos lo han investigado todo para afirmar que tienen la verdad de la Biblia. Es evidente que las personas afiliadas a cualquier iglesia son sinceras; pero, como bien se dice, la sinceridad no hace que una religión sea verdadera.

     Cuando a cualquier devoto de estas iglesias o congregaciones, sea testigo de Jehová o de otra confesión, se le muestran con educación y buen razonamiento ciertas incongruencias que prueban que tales congregaciones no pueden estar en la verdad de la Biblia, el devoto en cuestión se siente herido en su corazón y defiende su fe con uñas y dientes si es preciso. Está programado para ello por sus pastores, quienes le indican que no escuche a quienes le dicen otra cosa que no sea la que pregonan los propios pastores, haciéndole creer al adepto que tales individuos que así hablan son en realidad lobos enfundados en piel de oveja.

    La única manera de saber si una iglesia o congregación está realmente en la verdad de la Biblia es mediante investigar su historia y sus doctrinas y ver si esa historia y doctrinas se ajustan a las páginas bíblicas. Puede que al adepto se le haya captado mediante explicarle ciertos textos que le dejan cegado al principio, sobre todo si desconocía la Biblia, y así mal puede ver la realidad que se esconde tras ese aprendizaje tan somero, pues lo cierto es que no se profundiza en el mismo. Las dudas comienzan a surgir cuando el adepto ya se ha bautizado o ha hecho pública su adhesión a la nueva fe. Sin embargo, esas dudas iniciales suelen disiparse paulatinamente a medida que asiste a las reuniones o ritos de su iglesia y al ver que los pastores continúan en la brecha como si estuvieran seguros de que tienen la verdad. Con el tiempo le volverán a surgir nuevas dudas a las que ni se atreverá a enfrentarse.

    Para conocer la verdad de un asunto, lo inteligente y razonable es cotejar las dos partes: la de quienes defienden el asunto y la de quienes muestran que el asunto no es correcto. Oídas las dos partes, como lo haría un juez, puede finalmente emitirse un veredicto final, tras sopesar las pruebas pertinentes. Si los testigos de Jehová, por ejemplo, afirman que tienen la verdad y los que no son Testigos argumentan que los Testigos no la tienen, sería prudente escuchar los argumentos de las dos partes y obrar en consecuencia a la vista de las demostraciones que se esgrimen. Sin embargo, al testigo de Jehová se le ha aleccionado a que en modo alguno escuche a la parte contraria y se le recalca que es rebeldía el pensar con independencia del Esclavo Fiel y Discreto o Cuerpo Gobernante que dirige a los Testigos. En las filas de los testigos de Jehová no hay lugar para el pensamiento crítico.

    El testigo de Jehová cree que su organización ha realizado una profunda investigación en materia religiosa y que por tanto no se equivoca en este aspecto. Pero la organización ha publicado que puede equivocarse en materia doctrinal y de ahí que cambie periódicamente las doctrinas, lo que indica que las doctrinas anteriores no estaban ajustadas a la Biblia. Y las nuevas doctrinas pueden cambiarse mañana, por lo que tampoco estarían ajustadas a la Biblia.

    Cuando a un testigo de Jehová, como se ha tenido ocasión de comprobar en innumerables ocasiones, se le muestran los graves errores doctrinales y antibíblicos que enseña su Cuerpo Gobernante, la reacción natural del Testigo es montar en cólera, gritar para no dejar que el interlocutor continúe hablando y lanzar insultos e improperios, todo ello en lugar de sentarse a dialogar y razonar con la persona que trata de exponerle sus argumentos. Sin embargo el testigo sí espera que aquellos a quienes aborda en la predicación le escuchen.

    Jesucristo dijo que ‘la verdad os libertará’; pero el testigo de Jehová está esclavizado o totalmente sujeto a la organización de su Cuerpo Gobernante. Si está esclavizado de tal manera que toda su vida dependa de la Organización, significa que no es libre y, por tanto, si no es libre, no conoce la verdad. Si conociera la verdad, no tendría que estar esclavizado o encadenado a una organización que constantemente dicta su modo de vivir y le exige tiempo, esfuerzo y medios económicos.    

    Tanto depende el testigo de Jehová de su Organización que con sus contribuciones monetarias mantiene al gran imperio económico de la Watch Tower, el cual a su vez se sostiene con la literatura que imprime para los Testigos, además de con los beneficios de la venta de sus inmuebles religiosos y las inversiones en hedge funds, unos fondos de inversión que solamente están al alcance de los millonarios. Si los testigos de Jehová dejaran de pronto de aportar fondos que finalmente van a parar al imperio económico de la Watch Tower, éste se hundiría irremediablemente y dejaría de imprimir los millones de piezas de literatura que consumen los propios Testigos. Y sin literatura, los testigos de Jehová se verían prácticamente imposibilitados para captar más adeptos. Imprimirla en editoriales cuyo costo incluye la mano de obra, no sería asequible para una Organización que está acostumbrada a no pagar nóminas. 

   ¿Podría realmente subsistir la Organización de los testigos de Jehová sin el apoyo fundamental de la Sociedad Watch Tower? Probablemente no, ya que, si desaparece esa entidad, desaparecería también el medio publicitario principal mediante el que se diseminan las doctrinas jehovistas. Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no dependían de un imperio económico para subsistir, pero el cristianismo se expandió. Hoy día otras organizaciones cristianas no están apoyadas por una gran Sociedad editorial y sin embargo prosperan. Pero la organización de los Testigos recibe su aliento del imperio de la Sociedad Watch Tower y separarse de él supone la muerte.